


Dijo una persona que había llegado de Europa días antes, había recorrido gran parte de la ciudad de Buenos Aires, para conocer el Río de la Plata, el barrio de La Boca, los bosques de Palermo, la calle Florida, la Casa Rosada, la catedral, el cabildo, la calle Corrientes, especialmente en su esquina con la calle Esmeralda. Llegó hasta el obelisco y le quedó por visitar la esquina de San Juan y Boedo. Había escuchado y visto bailar tango y milonga; le gustó Buenos Aires.
Llegó a Santiago del Estero a tiempo para participar en la Marcha de los Bombos y vivir algunos de los momentos posteriores. Dice que el hecho de marchar por calles de la ciudad tocando el bombo, ha sido “lo máximo” en este viaje.
Después de la Marcha, fue a conocer un lugar lleno de quichuistas y músicos. Ahí pasó unos días, conviviendo con el idioma que tanto le interesa. Además, ahí se hacía una gran fiesta folclórica. Volvió a la ciudad capital de la provincia para presenciar la vigilia previa al aniversario de la ciudad.
Había agradecido a una invitación para un encuentro de amigos cerca de la ciudad y había dicho que no iría, pues para el día Sábado tenía planeado presenciar el acto oficial y el desfile, que sabía sería prolongado y diverso, y después había un festival musical.
Algunos de los invitados a la reunión fuera de la ciudad, se levantaron tarde por causa del desvelo festivo, así que al desfile lo vieron solamente por televisión y después fueron al tincunácuy (encuentro). En ese lugar, el ambiente era de amistad, camaradería y amor al terruño, con música netamente santiagueña, primero en grabaciones y después cantada o tocada por cantores y músicos desde el escenario armado en el gran patio.
Quienes conocían a la persona venida de Europa, se sorprendieron al ver que también estaba en la reunión, disfrutando y esperando su momento para una breve actuación. Intrigados, le preguntaron el porqué de su cambio de idea, la respuesta fue contundente: “Porque amo a Santiago del Estero, al auténtico Santiago, el que no se parece a nadie.” Allí pasó la tarde, entre cantares diversos, todos dentro del cancionero folclórico santiagueño; no faltó la vidala cantada con un fondo sonoro de cohetes, y esta persona visitante cantó
al llegar su momento, exhibiendo su conocimiento del folclore santiagueño y el buen uso del castellano.
Después de su actuación, le preguntamos qué le había parecido la vigilia en la plaza Libertad; dijo que había visto un buen trabajo artístico, con muchos bailarines de distintas especialidades acompañados por una orquesta que demostraba estar integrada por excelentes músicos que habían ensayado a conciencia. Contaba que había disfrutado especialmente de los tramos netamente folclóricos. Respecto a la pirotecnia de la medianoche, se alegró con la alegría de la gran cantidad de público que colmaba la plaza.
Cuenta que pasada la exhibición de pirotecnia, el canto de feliz cumpleaños y saludos varios, comenzó otra parte del espectáculo y, al ver de qué se trataba, la persona visitante optó por irse, al igual que mucha gente que se retiraba, cada cual por un motivo diferente. Agregó que le fue fácil conseguir hotel para esta fecha, distinto a los días de la Marcha de los Bombos, cuando tuvo que hospedarse en casa de gente amiga, porque en los hoteles había reservas desde muchos meses antes.
En cuanto al Sábado 26, después de presenciar el acto oficial y el desfile, fue al gran tincunácuy de amigos, porque allí encontraría puro folclore y no un espectáculo variado.
Evidentemente, los visitantes vienen buscando el Santiago del Estero tradicional, pues lo encuentran igual a la idea que los ha hecho enamorar de nuestra provincia y sus costumbres netamente santiagueñas.
28 de Julio de 2026.
