


Dijo el visitante y salió, mientras los dueños de casa respondían diciendo “hasta mañana” igual que él, pero en castellano. Al llegar, había preguntado: ¿Imaina purinquich? Casi a coro, le habían respondido: “Allillata”, y el hombre de la casa se había adelantado diciendo: “Ancha cusicus tiaycu, ckaásoj”. Si en vez de criollos santiagueños hubiesen sido españoles, seguramente el breve diálogo de saludo habría sido: “¿Cómo andáis?”, la respuesta: “Bien, no más” y el dueño de casa habría agregado: “Estamos muy contentos, viéndote”.
Después de un rico almuerzo bien conversado, el visitante dijo: “Ancha súmaj ca micuyta” (Muy linda esta comida). Ese elogio era su forma de agradecer, siguiendo la mentalidad de sus mayores, gente que conservaba las costumbres ñaupas. Podría haber recurrido al castellano quichuizado “Agradeceyqui” para decirle a la señora de la casa “Le agradezco”, pero optó por la antigua costumbre de elogiar y valorar la acción del prójimo. Dar las gracias, agradecer, es una forma cristiana de expresarse, traída por los conquistadores españoles. El cristiano que ha recibido un favor, retribuye deseando que Dios conceda muchas gracias a la persona comedida. Con el tiempo, en vez de decir “Dios te conceda muchas gracias”, la expresión quedó como “Muchas gracias” o simplemente “Gracias”. Por su parte, los portugueses trajeron la costumbre de agradecer afirmando quedar a la recíproca, o quedar obligado a retribuir el favor.
Más recientemente, se adaptó al quichua un saludo castellano, el saludo en el que quien saluda desea a otra persona que tenga un buen día, o que enfatizaba deseando para esa persona buenos días. Después, en vez de decir: “Que Dios te conceda buenos días”, se abrevió para “buenos días”o “buen día”. Hace pocos años, gente quichuista que había comenzado a castellanizar el saludo preguntando ¿Qué tal purinqui? En vez de ¿Imaina purinqui? Pasó a desear “Alli punchau” en cada saludo matinal. Por la tarde, el habitual ¿Imaina chisianqui? fue cambiado por “Alli chisi”, y se agregó para la noche un “Alli tuta”. Es como si hubiesen dejado de interesarse por la situación de su interlocutor, para desearle un buen segmento de la jornada, diciendo el equivalente a “Buen día, buena tarde, buena noche”, respectivamente.
Para momentos efímeros, como el mediodía, no hay un saludo lógico, pues el mediodía es el instante al que, si somos muy generosos, le asignaríamos un segundo, pues es el instante ancha ashca utula (muy, muy chico) en que Inti (el Sol) pasa por la línea imaginaria del meridiano tomado como referencia. En geometría, una línea tiene longitud pero no tiene ancho ni espesor. En la práctica, pasamos de la mañana a la tarde sin que se pueda percibir el momento, pues es más rápido que un parpadeo.
La transición entre la tarde y la noche es llamada atardecer, puesta del Sol; también es llamada “la oración” por la gente criolla, ya que el anochecer es tradicionalmente un momento en que el pueblo cristiano debería elevar una oración, porque en ese momento finaliza un día que Tata Yaya nos regaló. Dice gente de antes que esa era la hora para rezar el Ángelus. En quichua, el anochecer es llamado tutayáchiy. El anochecer dura una cierta cantidad de minutos, variable para distintos lugares. En los crepúsculos, la luz natural es de menor intensidad que durante el día y va decreciendo hasta pasar a ser luz nocturna. El otro momento crepuscular es el amanecer, que por ser de claridad, en quichua se lo llama cancha cancha (medio claro, relativamente claro).
En quichua o castellano, Tata Dios nos brinda sus espectáculos luminosos en distintos momentos del día. El cielo es un espectáculo cambiante en cuanto a intensidades de la luz, siempre ancha súmaj, y uno anda por esta parte de la hermosa Tierra, saludando (deseando buena salud) a quienes encuentra.
07 de Junio de 2026.
