


Dice mucha gente a cada rato. Llamamos “medio ambiente” a lo que nos rodea, al medio en que vivimos, al ambiente en que los humanos estamos.
Muchos dicen que los pueblos “de antes” cuidaban el medio ambiente; también hay quienes afirman que los pueblos originarios americanos cuidaban el ambiente pues se sentían parte de la Tierra, hasta que llegaron los europeos disputando la propiedad de las tierras, terruño o territorio.
A partir de la proliferación de copias de ciudades europeas en nuestro territorio y el natural aumento de la población, la contaminación del ambiente causada por el modo de vida de los humanos fue incrementándose. En la tierra quedaban algunos restos químicos que sobraban de las explotaciones mineras y de las curtiembres. Las aguas siguieron siendo contaminadas por los desechos de las poblaciones y de la incipiente industria, y el aire era ensuciado cada vez con más fuegos de toda índole, además de una pequeña parte por la creciente ganadería.
El equilibrio de población entre los animales se da de manera natural. Para decirlo de una manera muy sencilla, es así: Los animales carnívoros comen a los herbíboros y los herbíboros comen a las plantas; si escasean las plantas, los herbíboros tienen menos alimento y no sienten deseos de reproducirse; entonces, escasean los herbíboros y los carnívoros también se reproducen menos, porque escasea larne para comer. De ese modo, al haber menos herbíboros, las plantas se recuperan y, poco a poco, comienza a ser abundante nuevamente el alimento para los herbíboros y para los carnívoros, con el consecuente aumento de población. Así, con leves aumentos y disminuciones, la población de las especies está equilibrada.
El ser humano, en sus primeros tiempos competía con los animales en la búsqueda de alimento. Físicamente, el humano estaba en desventaja en las disputas contra seres especializados que eran capaces unos para imponer su fuerza, otros con su velocidad para correr, otros que podían volar, etc. Fue necesario desarrollar la inteligencia para poder sobrevivir y poco a poco imponerse.
Hace milenios que el ser humano dejó de ser presa y pasó a ser predador de las especies animales, pero no a todas las mata con sus armas de fuego u otras: con sólo invadir los lugares donde viven las distintas especies, va provocando la disminución de población animal en lugares donde después parecería que viven únicamente seres humanos.
Por si fuera poco, con la aceleración del ritmo del progreso, desaparecieron selvas, bosques y pastizales, para ser reemplazados por campos sembrados, o por cachi pampas (campos salitrosos), o grandes arenales o grandes superficies de suelo yermo; peor aún, hay regiones que han quedado desérticas y además, con radiación que mata todo lo que toca.
En Santiago del Estero tenemos ejemplos muy visibles de tierras, aguas y aire contaminados con derrames, basuras y humos varios. Por otra parte, tenemos lugares que son un ejemplo de recuperación del suelo por falta o escasez de intervención humana, como las salinas que encontramos al sur de Loreto por la ruta nacional 9. Hasta hace poco más de medio siglo, a poco de salir de la ciudad de Loreto se veía una gran planicie blanca de sal, en la que únicamente había algo de jume, y así seguia hasta muy cerca de las sierras de Ambargasta y Sumampa. Poco a poco, la vegetación fue progresando y cubriendo de árboles y cardones a casi todo ese territorio; hoy, las salinas propiamente dichas abarcan una franja de pocos kilómetros a los dos lados del río Saladillo.
Para que el medio ambiente se recupere, hay que dejarlo tranquilo y evitar servirnos de actividades contaminantes. No es tarea fácil, pero podemos hacer siquiera un poquito cada día.
9 de Junio de 2026.
