


Así dijo un cantor ante una buena cantidad de gente. Agregó que eso somos y esos somos. Uno quedó pensando en el significado de la palabra, y fue al diccionario, el cual le confirma lo ya pensado: El depositario es la persona que recibe un bien material, o simbólico o de cualquier naturaleza, de manos de un depositante, con la recomendación de preservar ese bien, evitando su pérdida o deterioro.
La religión cristiana nos dice que Dios nos dio la Tierra para que la disfrutemos y cuidemos de ella. También nos dio capacidades físicas y mentales, para que podamos vivir, ayudar a otros y cuidar el planeta en que vivimos. Jesús habló de ello con la parábola de los talentos, en la que compara las capacidades humanas con talentos. El talento era un tipo de moneda de la época en el imperio romano, en la región que llamamos Asia Menor y otras. Con el tiempo y la aparición de otras unidades monetarias, el habla popular convirtió a la palabra talento en sinónimo de habilidad, destreza, capacidad.
Por donde uno anda, puede encontrar artistas talentosos, otros… no tanto, y otros que se quedan con las ganas; “hay de todo en la viña del Señor”. No olvidemos que “la intención es lo que vale”, y hay que ser pacientes, porque, en el fondo, nadie es más que nadie y, además, quien hoy está aprendiendo puede ser excelente mañana o pasado, y quien hoy anda muy bien puede decaer por algún motivo. En su obra El Payador Perseguido, Atahualpa Yupanqui dice, contando de los fogones posteriores a las jornadas de trabajo: “Algunos cantaban bien. Otros, pobres, más o menos”.
Esta descripción puede aplicarse a otras manifestaciones artísticas o a los deportes, o a las actividades laborales o científicas, en las que cada uno se desenvuelve según sus talentos.
Santiago del Estero es una provincia muy visitada, especialmente desde que los festejos de aniversario de la Madre de Ciudades retomó la trascendencia que tenía años antes e incluso mejoró. Esto ocurría en el año dos mil tres, para los cuatrocientos cincuenta años de existencia de nuestra ciudad. El turismo comenzó a venir cada vez más, siempre buscando ese Santiago del Estero que conocía por las chacareras y relatos de santiagueños emigrantes. Mucho antes de los 450 años de Santiago, ya había gente que venía a nuestra provincia o iba pasando, y paraba en el Puente Carretero para tomarse fotos y cantar la chacarera Desde el Puente Carretero. Algunos visitantes solían contar que, al cantar la chacarera, se habían emocionado hasta las lágrimas.
Los visitantes y muchos de los santiagueños que vivían en otros lugares y venían cada tanto a Santiago, buscaban entre otras cosas, la chacarera cantada por santiagueños. Ese interés por la chacarera ha ido creciendo desde las presentaciones de Andrés Chazarreta en Buenos Aires, al punto que hoy, en casi todas las provincias argentinas, hay músicos y cantores locales que interpretan chacareras y otras manifestaciones musicales santiagueñas; también hay nuevos autores y también academias de danzas que enseñan principalmente la música folclórica de Santiago del Estero.
Refiriéndose a la chacarera, dice Julio Argentino Jerez en su Apología de la chacarera: “Salavina ha reclamado, diciendo que allá nació”, y después agrega: “Ella nació como yo, en los pagos del mistol, donde quema mucho el Sol, se pita cigarro en chala, donde se cantan vidalas y el ser criollo es un honor”. Sutilmente, en su poesía, Julio Argentino Jerez le da un origen santiagueño a la chacarera, sin precisar un lugar exacto ya que, llegado el caso, es poco necesario determinar un lugar exacto para semejante monumento cultural como lo es la chacarera.
La chacarera, en sus ocho estrofas nos permite decir todo un relato, una descripción de paisajes, costumbres a preservar, planes para el futuro y lo que quiera y pueda escribir el autor.
Con todas las variantes posibles en una comunidad, los santiagueños somos depositarios de la chacarera; unos, buenos depositarios, otros… más o menos. Lo importante es que sean buena gente.
06 de Enero de 2026.
