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Cuenta la gente, allá en el pago, lo sucedido entre dos hermanos.” Hermano Cacuy, la chacarera de Juan Carlos Carabajal y Jacinto Piedra, resume la leyenda más conocida en Santiago respecto a la misteriosa ave de los montes. En el libro El País de la Selva, Ricardo Rojas reproduce la leyenda popular con su bello estilo descriptivo. Según esta leyenda, dos hermanos huérfanos vivían en su rancho en plena selva del chaco santiagueño. Eran opuestos en su modo de ser. Él era un muchacho de buen corazón, trabajador, generoso y atento con su hermana. Ella, por el contrario, era caprichosa y descomedida. Cuando el chango volvía del monte, siempre con algo para el sustento de ambos o para mejorar la casa, ella le mostraba la comida hecha. Cuando él se disponía a comer, la joven arrojaba todo al suelo, riendo con maldad. Pasaban los años y siempre lo mismo: él tratando de servir lo mejor para su hermana y ella ideando la forma de burlarse e irritarlo. Así es que la paciencia del hermano se fue agotando y comenzó a pensar en hacer algo para librarse de la malvada hermana. Sabiendo que a ella le gustaba la miel, una tarde le dijo que en un quebracho había encontrado una gran colonia de abejas silvestres, cargada de miel. Cuando hubieron llegado al pie de un enorme quebracho, en lo más profundo del monte, la joven, ansiosa, subió primera, escalando ágilmente sin esperar a su hermano que traía un hacha para abrir el tronco y sacar los panales. Cuando estaba en lo más alto del quebracho, sin posibilidad de seguir subiendo, recién trató de preguntar a su hermano sobre la ubicación de la colmena. Con horror, descubrió que el muchacho había bajado cortando los gajos que les habían servido para subir. La niña, acostumbrada a dar órdenes, gritó a su hermano que sin demora la bajase. Sólo le respondió el eco de su propia voz. Con el paso de las horas, llegó la noche, luego el miedo, que poco a poco se transformó en terror. En su desesperación, comenzó a llamar a su hermano con un grito lastimero: “¡Túray, túray!” (¡Hermano mío, mi hermano!). En ese momento, vio que sus brazos se transformaban en alas y su cuerpo se cubría de plumas. En pocos minutos tomó la forma de un ave de color marrón grisáceo, con una gran boca, pese a que su pico es chico. Triste y solitaria, voló hacia otro árbol para seguir llamando durante toda la noche y en las noches siguientes, hasta hoy. La leyenda del cacuy advierte sobre los abusos y la intolerancia entre hermanos, o entre humanos, en todo caso. La venganza puede transformar una mala situación en tragedia. La mejor actitud de vida, para evitar conflictos, es el amor al prójimo. El cacuy es un ave de hábitos nocturnos que se puede encontrar en casi toda América del Sur. En cada región tiene un nombre distinto. En las regiones guaraníticas se llama urutaú o urutau. Su nombre, en este caso, vendría de guyra (ave) y taú (fantasma). En algunas zonas de Brasil le llaman Madre de la Luna, en regiones amazónicas su nombre es jurutaí, por las palabras juru (boca) y tahí (exageradamente grande). En la amazonia peruana le dan el nombre Ay ay mama. También, en cada región, hay por lo menos una leyenda popular sobre el misterioso animal. Podemos ver al cacuy emitiendo su lamento en la página www.youtube.com donde buscaremos O Canto do urutal.
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