Por Crístian Ramón Verduc
28/07/2020
“El que busca halla… pero no medalla”

Como muchos de los dichos populares, esta sentencia criolla tiene una sugerente rima. De hecho, si uno busca una medalla tiene muchas más posibilidades que si se queda esperando por si la medalla llega “de arriba”.  

Este dicho popular se refiere a que quien busca problemas no va a encontrar un premio, sino que va a recibir algo desagradable, va a encontrar lo que evidentemente andaba buscando con su mala actitud. Un dicho similar es: “Quien siembra vientos cosecha tempestades”, o más sencillo: “El que siembra, cosecha”. 

“El que siembra, cosecha” es más breve y a la vez más amplio, aunque no tiene rima, lo cual es entendible al ser solamente cuatro palabras, aunque hay por lo menos una sentencia que por su rima, antes de entenderlo ya suena agradable al oído: “Sólo sé que nada sé”, del filósofo griego Sócrates. De paso, no está de más agregar que al menos en nuestro país, esa afirmación filosófica que los españoles nos habían transmitido con rima, sufrió la misma suerte que “Haz la fama y échate a la cama”: El uso y la mala costumbre las despojaron de la rima, aunque el sentido de cada una logró sobrevivir.  

El que busca halla, pero no medalla, dice nuestra gente paisana, advirtiendo que es mejor ser prudente, no tentar a la desgracia con provocaciones, ya sea en lo personal o con cualquier actitud negativa. Muchas veces uno puede sentirse tentado por la imprudencia, ya sea en las palabras o en los hechos; en esos casos es necesario medir las posibles consecuencias de lo que se está por hacer o decir, a la vez que calculamos el beneficio que puede traer tal acción, para otros o para uno mismo.  

El accionar decidido, la valentía y el arrojo son cualidades aplicables por una buena causa. Si es para dañar, molestar, o simplemente para hacerse notar, lo mejor es evitarse los problemas que puede acarrearnos una acción atrevida. Hay receptores de imprudencias que suelen ser pacientes, pero la paciencia es una virtud que tiene sus límites y condicionamientos. Hay personas que en ciertos días han llegado a la saturación de situaciones no deseadas y no están en condiciones de soportar una contrariedad más; si en ese momento de intolerancia aparece el pícaro con una de sus imprudencias, las consecuencias pueden ser muy desagradables. 

Una de las expresiones populares para advertir de que no es buen momento para bromas o requerimientos imprudentes, es la que dice: “El horno no está para bollos”. Es decir que el horno está saturado de panes o que no está en condiciones de recibir ni siquiera un pan, un bollo de pan, eufemismo para avisar que no hay buena recepción para las actitudes inconvenientes. 

Dicen que en la vida cotidiana de la gente del Tahuantinsuyu no había ocasión para las situaciones conflictivas por causa de las bromas de mal gusto ni por los requerimientos imprudentes. Era una vida cotidiana de trabajo, con el firme mandato “Ama ckella” (No a la pereza), que evitaba la holgazanería, generadora de ideas inconvenientes.

Cuando uno está ocupado con un trabajo no tiene tiempo para las bromas. 
Los mandatos que nos han llegado desde esos tiempos son tres: Ama súa, ama llulla, ama ckella, ordenando evitar el robo, la mentira y la pereza, respectivamente. El robo, la mentira y la pereza son causantes de problemas que afectan al individuo y a la comunidad, por eso es necesario evitar esos vicios para favorecer la buena convivencia. 

Una vida dedicada exclusivamente a la producción de bienes materiales no sería una vida humana, sino que se parecería a la vida de una hormiga o de una abeja, por eso es que los momentos de reposo y de esparcimiento son parte de la cultura de los pueblos. Estaría de más recordar que cualquier exceso es dañino y que debemos balancear el esfuerzo dedicado al trabajo productivo obligatorio, con los momentos de esparcimiento. 

Cada uno tiene sus actividades dentro de la comunidad. Culturalmente tenemos arraigados los horarios que indican los momentos de actividad y los de descanso. Así es que se da por sentado que la mayor parte de la población va a comenzar sus actividades poco después de la salida de Sol, todos los días que no sean Domingo o feriado, y muchas personas han de incluir en la excepción al Sábado. También se entiende que una gran cantidad de gente va a volver a su casa al mediodía para almorzar, descansar un poco y volver a las tareas hasta la puesta del Sol, momento en que la tradición religiosa manda rezar agradeciendo por la finalización de la jornada y el comienzo del descanso nocturno. A partir del momento de la oración del atardecer, la gente vuelve a su casa para cenar, conversar con la familia y recogerse a descansar. 

Los horarios establecidos tradicionalmente se aplican a la mayor parte de la población, no a toda, pues hay lógicas excepciones. En la vida de convivencia hay actividades de producción de bienes y servicios que no pueden parar al mediodía ni a la noche. Por ejemplo, para que la población pueda comprar pan a partir del amanecer, hay gente que pasó gran parte de la noche preparando esos panes. Para que haya carne, leche, verduras y otras mercaderías, hay gente que hizo las tareas necesarias para ello durante la noche. El cuidado de los enfermos, la vigilancia de los lugares públicos, el transporte de personas y materiales dedicados a estas actividades y viajantes, la provisión de combustible para los vehículos dedicados a las actividades nocturnas o de primera hora de la mañana, todo ello requiere gente dedicada al trabajo en el horario en que gran parte de la población está descansando. 

Para que el movimiento en una comunidad no pare, es necesario que en todo momento alguien esté ocupado de ese movimiento, sin importar demasiado los ciclos de actividad y reposo que debemos cumplir como seres diurnos que somos. 

Las noches durante toda la semana y los días enteros durante los fines de semana, son los momentos previstos para el esparcimiento, pero mientras unos estamos en actividad, ya sea diversión o por trabajo, debemos ser prudentes para no interrumpir el descanso de quienes lo necesitan. Hay fiestas ruidosas que ocurren excepcionalmente, especialmente en los barrios de las afueras de las ciudades, pero es una imprudencia cuando el bullicio pasa a ser cotidiano.  

Podemos evitar cualquier actitud causante de irritación en el prójimo y posibles conflictos, si recordamos que el que busca halla, pero no medalla.      

28 de Julio de 2.020.

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