Por Crístian Ramón Verduc
08/10/2019
"Túcuy cusca caypi amuychis, maa upallaychis yachaspacka. Chayna túcuy ‘rimasunchis, yachachis mana yachasta"

(Todos juntos aquí vengan, y no se callen si saben. Así todos hablaremos, enseñando al que no sabe). Así dice una estrofa de la chacarera Quichuistáspaj (Para los quichuistas), de Nacho Martínez, santiagueño residente en San Martín, provincia de Buenos Aires.

Nacho Martínez, al igual que otros quichuistas, dedica parte de su tiempo a la difusión del quichua; lo hace hablando y cantando, desde hace bastantes años.

Generalmente, la palabra difusión nos hace pensar en televisión, radio, diarios, revistas y, desde hace pocos años, redes sociales de Internet. Para difundir el quichua, es necesario primero decidirse a hacerlo y hacerse cargo de tal decisión. Una vez incorporada la idea, se lleva la misma a la práctica en todos los ámbitos posibles: En las conversaciones cotidianas, en los nombres de negocios y asociaciones, en las publicaciones que uno pueda hacer por los distintos medios, siempre tratando de que la palabra o frase que se inserta sea bien recibida. No es imprescindible recurrir a la inventiva: Basta con observar la campaña con la que se está insertando el inglés en el castellano desde hace muchos años, por ejemplo.

Quienes nos sentimos identificados con el quichua y por el quichua, no contamos con los recursos materiales para que famosos difusores televisivos tomen una palabra y la impongan a los difusores menos conocidos, siempre dispuestos a imitar lo que dicen “los grandes”. “Si lo dice la televisión, es cierto”, decía un personaje cómico, reflejando el modo de actuar de una parte de la comunidad. Si una palabra ha ganado la televisión, ya ha ganado un lugar en el habla cotidiana de una gran parte de la población. Es como para decir: “Imponga en la televisión para imponer en la población”.

Parece ser que, en general, esa aparente mayoría de la población que está atenta a las modas para adoptarlas, está dispuesta para dejar de lado en cualquier momento lo que antes adoptó, para reemplazarlo por lo nuevo. La propaganda impone hábitos efímeros en lo que se consume, en el aspecto personal y en la comunicación entre personas. Para ese tipo de imposiciones, hay gente que invierte grandes sumas de dinero. Decimos “invierte” y no “gasta”, por que destinan recursos para promover algo que luego debe dejarles beneficios. También hay campañas que parecen estar destinadas únicamente a verificar el porcentaje de población que adopta lo ofrecido.

Quienes nos dedicamos a la preservación y difusión del quichua como rasgo de identidad, no tomamos al quichua como un bien de consumo, sino como parte del patrimonio cultural del pueblo al cual pertenecemos. La práctica del quichua ha de tener el fin en sí misma, pues el quichua debería ser un fin, a la vez que un medio para seguir sabiendo quiénes somos, cuál es nuestra identidad, la nuestra, no la confusión de andar adoptando lo que nos impongan por un tiempo mientras esperamos a ver qué viene después.

Cuando uno objeta el mal uso del castellano, enseguida aparece una persona “sabihonda” que “avisa” que es una lengua viva. He ahí la respuesta: Los destructores buscan matar todo lo que esté vivo. Como pueblo bilingüe que somos, debemos preocuparnos por sostener en buenas condiciones ambos idiomas, pues si el castellano se debilita para fortalecer idiomas ajenos, el quichua quedará solito, a merced de los destructores.

Cada día un poquito, vamos a seguir dando firmeza a nuestro quichua. Debemos  tener cuidado con los avances globalizadores, los que quieren arrinconar al quichua en el patio trasero de una variante ajena a nosotros. Es muy bueno estar unidos entre los que tenemos afinidades, para promover y fortalecer el idioma. La unión a lograr, seguramente va a ser más sólida si se hace manteniendo una horizontalidad en sus relaciones; como se repite habitualmente: “Juntos a la par” y no “juntos apilados”; cada una de las variantes del idioma con sus particularidades locales.

Santiago del Estero tiene su quichua, así como otras regiones de América del Sur tienen también cada una su variante del idioma que, según dicen, inicialmente se llamó ‘Runa simi (Lenguaje humano, habla humana, la voz del Hombre; literalmente: Boca humana o La boca del Hombre). Podemos (o debemos) hermanarnos, buscando el entendimiento mutuo sin imposiciones desde unos hacia los otros. Con buena voluntad se logra el entendimiento.

Hay ejemplos de buena comunicación dentro de un mismo país, superando las variantes que tiene un idioma. Un caso cercano es Brasil, donde los regionalismos harían que el habla de una región fuese incompatible con la de otras regiones, pero sin embargo hay buen entendimiento mutuo. Un ejemplo extracontinental sería Italia, donde hay dialectos que vienen desde tiempos antiguos, y esos dialectos siguen vigentes por que ninguna de las variantes del italiano subyuga a ninguna otra. El gallego, el catalán, el euskera, el castellano… son idiomas españoles, pero el castellano es la lengua oficial de España y las regiones que no son naturalmente de habla castellana son bilingües, según nos han enseñado.

Gran parte de América del Sur tiene como idioma oficial al castellano y muchas regiones son bilingües, entre ellas Santiago del Estero. Los santiagueños, tradicionalmente nos reconocemos como pueblo criollo y bilingüe, reconociendo también como santiagueños a los inmigrantes “gringos” y árabes, en tanto muestren afecto por nuestra provincia. También tenemos por santiagueños a muchos nacidos en otras provincias pero afincados en Santiago y con voluntad santiagueña.

La aceptación de nuestro bilingüismo no está tan generalizada entre nosotros como debería, pero de hecho somos un pueblo que utiliza como medio de comunicación cotidiana al castellano con la inclusión de palabras quichuas.
El quichua castellanizado y el castellano quichuizado son rasgos característicos en el habla de nuestra provincia. Esa particularidad no nos pone por encima de otros, y mucho menos por debajo de nadie. El quichua es parte de la identidad santiagueña, por eso debemos preservar nuestro bilingüismo, manteniendo la costumbre de hablar como santiagueños, pese a las poderosas campañas globalizadoras.

Quien sabe quichua, hable quichua; así aprenderá quien no sabe.        

08 de Octubre de 2019.

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