Por Crístian Ramón Verduc
09/04/2019
Intit llojsin. Sale el Sol. Inti 'ricurin. El Sol aparece.

En quichua, llamamos Inti a la estrella alrededor de la cual gira el planeta Tierra; en castellano, a la misma estrella la llamamos Sol.

Se llama estrella a un cuerpo celeste que brilla con luz propia. Un planeta es un cuerpo celeste que gira alrededor de una estrella; la Tierra es un planeta. Un planeta puede tener un satélite natural, o puede tener más; hay planetas que tienen varios satélites naturales girando a su alrededor. Los científicos, a medida que van descubriendo estrellas, planetas y satélites naturales, van poniéndoles nombre. Nuestro planeta se llama Tierra, nuestra estrella se llama Inti o Sol y nuestro satélite natural se llama Quilla o Luna.

No todo lo que vemos en el cielo por las noches son estrellas. Hay unos planetas que también giran alrededor del Sol y los vemos brillar como estrellas por que reflejan la luz solar. Ellos son: Venus, Marte, Júpiter, Mercurio y Saturno. El planeta que habitualmente logramos identificar es Venus, al que llamamos Lucero, Lucero de la mañana y Lucero de la tarde. Los demás planetas, muchas veces son visibles, pero en general nos cuesta encontrarlos entre tantas estrellas.

Todos esos cuerpos celestes son visibles en la oscuridad de la noche, mientras que Quilla, la Luna, es visible a cualquier hora que esté sobre el horizonte, por su cercanía con la Tierra, lo que le da un considerable tamaño aparente. El Rey del cielo es el Sol. Su presencia en el cielo determina que sea de día y su ausencia sobre el horizonte nos lleva a la oscura noche.

Los humanos somos seres diurnos; estamos más dotados para las actividades diurnas que para andar de noche. El calor es vida; sin una temperatura adecuada, cercana a nuestra temperatura corporal, los seres humanos sentimos que nuestra vida se acerca a la fría muerte. El Sol nos da calor, el Sol es vida. Estos conceptos elementales han regido la vida de los antiguos grupos y clanes humanos que han migrado por el mundo, buscando mejores condiciones de vida, donde el Sol haya provisto la temperatura adecuada y haya provocado un régimen de precipitaciones capaz de sostener una abundante vida vegetal y animal.

Desde tiempos remotos, los humanos hemos percibido que del Sol dependían las condiciones climáticas; seguramente por eso, los sabios antiguos han comenzado los estudio de las características del Sol, su relación con la Tierra y su influencia sobre la vida humana. Ante las tremendas manifestaciones naturales, hemos ido comprendiendo que en la inmensidad de los paisajes, los humanos somos pequeños y frágiles. Entre la practicidad necesaria para la supervivencia, el antiguo ser humano sintió la necesidad de confiar en fuerzas superiores, las que guiarían su destino y le proporcionarían las oportunidades que cada uno debía aprovechar mediante la iniciativa y el esfuerzo.  

Entre lo visible, el ser humano antiguo observó que el Sol era lo que estaba más alto en muchos aspectos y, en la mayoría de los casos, vio en él al ser supremo, el rector del destino de todo ser viviente. Estudiosos modernos encontraron antiguos vestigios de cultos al Sol, y aún hoy, conscientes de los beneficios del Sol, sabemos de la importancia que tiene Inti en nuestra vida, en la vida terrestre tal como la conocemos.

Más cercano en el tiempo, el ser humano procuró cultivar valores morales para una buena convivencia con sus iguales y logró tomar conciencia de lo intangible, de lo ideal, de lo que no necesita estar corporizado para existir. Los valores, los sentimientos y las ideas pasaron a ocupar un lugar muy importante en la vida humana, pues en general ya se había superado la imperiosa necesidad de luchar por la supervivencia. La lucha para sobrevivir esfundamentalmente práctica y puede llevarnos a dejar de lado valores éticos. De ahí el dicho: "La necesidad tiene cara de hereje".  

Cuando el ser humano pudo desarrollar su intelecto y su espiritualidad, pasó a una etapa muy importante de nuestra existencia, donde la lucha por la supervivencia fue reemplazada por el trabajo cotidiano para adquirir los bienes materiales necesarios, sobrando un tiempo y energía para ver más allá de lo estrictamente material. Surgen entonces los ideales, los valores inmateriales que el ser humano sigue y apoya para mejorar aspectos muy importantes en la vida colectiva. El pensar y obrar por el bien común es otro rasgo característico de la evolución cultural, habiendo superado ya la lucha de todos contra todos por arrebatar un pedazo de alimento o de espacio, necesarios para no morir de hambre o de frío.

En esta nueva realidad, nueva en cuanto a tiempos históricos pero largamente superior a la existencia de una persona, surgieron las luchas cotidianas por cultivar las artes y la filosofía, destinadas al logro de objetivos culturales. Es necesario estar bien preparado para poder diferenciar entre el trabajo por un ideal y el esfuerzo por logros materiales. La profesionalización en algunos deportes y en algunas artes pueden llevarnos a la confusión, haciendo que "metamos en la misma bolsa" a quienes hacen algo "por amor al arte" y a quienes usan el arte como un medio utilitario proveedor de bienes materiales.   

El Alero Quichua Santiagueño nació con el objetivo de revalorizar y difundir el quichua en todas sus expresiones. La necesidad de medios materiales para el logro del objetivo, provocó diversos cambios a lo largo de su existencia. El trabajo por el bien común y la distribución equitativa de oportunidades entre los cultores del quichua tuvo sus altibajos, propios de todo emprendimiento humano. No somos Inti, somos humanos.

Hoy tenemos la posibilidad de focalizar nuestros esfuerzos en la idea inicial, que es el fortalecimiento del quichua y los auténticos valores tradicionales. Podemos y debemos estar en armonía con los valores morales, al no haber necesidad de disputar pedazos de alimento, pues los ideales son difíciles de limitar y por lo tanto no se pueden medir ni repartir como si fuesen bienes materiales. Los valores culturales se aumentan al compartirlos.

El Alero Quichua Santiagueño nació como una idea con un objetivo ideal. Es un bien inmaterial que trascendió a sus iniciadores y supera a quienes lo materializan en cada acción, ya sea el programa radial o cualquier otro medio para difundir el quichua.

Si estamos preparados culturalmente, lograremos los valores morales para sostener firmemente nuestra exclamación habitual: ¡Ama súa, ama llulla, ama ckella!  

09 de Abril de 2.019.

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