Por Crístian Ramón Verduc
11/09/2018
"Chacareracka chupáyoj caj ´rin." (La chacarera va a ser con cola)

Es una de las expresiones de Don Sixto Palavecino y otros quichuistas, para anunciar qué viene después de una chacarera que ha sido tocada recién. El quichuista sabe cuándo va a agregar el sufijo cka al sustantivo; algunos dicen que es “un adornito” nomás. Chupa significa cola y el sufijo yoj indica que el sustantivo al cual se agrega, tiene eso; por ejemplo: Sacháyoj (con monte, que tiene monte, que lo tiene al monte), quimsáyoj (con tres, que tiene tres), totoráyoj (con totora, tiene totora), chupáyoj (con cola). Caj ‘rin equivale a decir: “Va a ser”; ‘rin (va, de ir) tiene que sonar con una r inicial simple, como suena en medio de la palabra; como suena en la palabra harina, por ejemplo.

¿Imata chupancka? (¿Qué es esa cola?) preguntaba Don Sixto. Si estábamos en el programa radial, era Doña Isabel Garnica de Pappalardo quien le respondía: “Mishi”, a lo que Don Sixto preguntaba nuevamente: “¿Imata mishit?” (¿Qué es ese mishi?) y Sipas Isabel (la señorita Isabel) completaba: “Gato”. Entonces los musiqueros comenzaban un gato, como cola de la chacarera.

Mucha gente, con justa razón, ante la palabra “gato” piensa en un animal felino doméstico. El gato doméstico tiene una larga trayectoria como tal. Martín Fierro lo menciona al relatar su regreso al pago después de cinco años de servicio en la frontera. Encuentra a lo que fue su rancho convertido en tapera y dice: “Sólo se oiban los aullidos de un gato que se salvó; el pobre se guareció cerca, en una vizcachera. Venía como si supiera que estaba de vuelta yo.”

Cuentan los científicos que el gato convive con el Ser Humano desde hace unos 9.500 años. Es posible que la primera adopción de gatos en el ambiente humano haya ocurrido en la isla de Chipre, en el mar Mediterráneo. Hay pruebas de que también hace milenios ha sido domesticado por egipcios y fenicios. El motivo de tal domesticación es la gran destreza del gato para cazar ratones y otros roedores menores, los que suelen ser dañinos en los graneros y otros depósitos de alimentos de los humanos. Se dice que el gato también enfrenta a las víboras y las mata luego de un combate en el que muestra una impresionante habilidad para el esquive y contragolpe. El gato es un animal muy ágil. En su vida con el humano como animal de estimación es cariñoso, gusta de frotar su cuerpo con el de la persona a la que dirige sus muestras de cariño, gusta de dormir en el regazo de las personas y también es su gusto recibir caricias en el lomo. En todas estas situaciones evidencia su placer con un sonido muy particular llamado ronroneo.

El perro se ha domesticado varios miles de años antes que el gato. Mas bien el humano ha permitido la entrada del descendiente del lobo a sus aldeas, donde el animal recibía alimento a cambio de protección y como ayudante muy valioso en las cacerías.

Después de tantos miles de años de convivencia, el perro doméstico ha pasado a ser muy dependiente del humano, mientras que el gato se muestra más independiente y fácilmente adaptable a la vida salvaje. Ambos pueden convivir en paz en una casa, pero si surge un conflicto, el perro suele atacar al gato, especialmente si está en grupo, pudiendo un perro o un grupo de ellos matar a un gato en pocos segundos, pero si el felino consigue aplicar un zarpazo en la nariz del perro, éste retrocederá dolorido y pasará a sentir temor de ese individuo. Ante el ataque de perros, la salvación del gato consiste en subir a un árbol, pared o ventana, para desde esa altura mirar a sus atacantes con aires de superioridad.

Por causa de su maullido, el gato ha recibido distintos apelativos, entre ellos el de “mis mis” en castellano y “mishi” en quichua. En nuestros pagos conocemos también como gato a una danza de pareja suelta, compañera cercana de la chacarera y posiblemente antecesora de esta. Aparentemente, el gato deriva de los ritmos picarescos que se difundieron desde el Perú, con fuerte influencia española. Dicen que esta danza fue conocida primero como La perdiz o como Gato mis mis, quedando finalmente el nombre Gato.

Difundido por Argentina, Bolivia y Chile, tuvo ligeras variantes, algunas de las cuales se conservan: Gato polqueado, gato con relaciones, gato encadenado, gato cuyano, gato correntino, gato cordobés. El que se baila en el Noroeste Argentino es el que luego de la introducción, comienza a bailarse con una vuelta entera, sigue un giro, luego un zapateo y zarandeo, media vuelta, nuevo zapateo y zarandeo, para terminar con un giro que lleva a la pareja a encontrarse frente a frente. La segunda parte es similar a la primera.

Actualmente quedan pocos gatos exclusivamente instrumentales, lo que no impide que los gatos con letra sean únicamente tocados por los músicos para invitar a la danza, aunque también se baila cuando alguien canta. Generalmente, tal como se dice al principio, el gato suele ir a continuación de la primera chacarera que se interpreta. Como dice el Ñaupa Gato (Gato antiguo): “Vos sos mi chacarera, tu gato yo soy. Pegadito ande vayas, tras tuyo yo voy. Tal vez por que vos quieres, cola nomás soy.”

El nombre de esta danza ha hecho que en muchos casos la letra a cantar tenga relación con el felino doméstico. Tenemos el gato Como el sachamishi, en el que Felipe Corpos comienza diciendo: “Soy como gato del monte…” o El gatito pardo, de Don Ventura Vázquez, que decía: “Yo tuve un gatito pardo de buena cría, cazando las urpilitas pal rancho traiba.”

Por el andar silencioso del cuadrúpedo felino doméstico, se llama “gatear” al avance de las tropas cuando lo hacen a cuatro pies y en silencio, movimiento previo al arrastre, cuando están mas cerca del enemigo. También se dice que un niño de pocos meses gatea cuando se desplaza a cuatro pies y, al menos en nuestros pagos, se habla de gatear para referirse al acercamiento sigiloso de un hombre a la cama de su enamorada, especialmente si ella es de una familia que acostumbra dormir en el patio en las noches de calor.

Don Sixto Palavecino solía cantar su chacarera Cosa que me sabe gustar, con letra de Felipe Corpos, cuya última estrofa dice: “Macharme de vez en cuando, de noche gatear… yo digo, cantar un gato… ¡Cosa que me sabe gustar!”        

11 de Septiembre de 2.018.

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