Por Crístian Ramón Verduc
17/07/2018
"No hay que macharse en el primer boliche", saben decir sabios paisanos.

Es una advertencia expresada con el vocabulario del Noroeste Argentino, donde macharse es sinónimo de embriagarse por ingesta de bebida alcohólica. La palabra boliche está más extendida en nuestro país e incluso en otros. Tradicionalmente se llamaba boliche a un local similar a la pulpería, de la que después derivaría el almacén de ramos generales y el local de bebidas servidas en el mostador al que también llamarían bodegón; tanto bodegón como boliche, suelen ser expresiones despectivas.  

José Hernández dice al comienzo del Capítulo 8 de El Gaucho Martín Fierro: “Otra vez en un boliche, estaba haciendo la tarde…” y el lugar donde se encontraba era aparentemente un local donde se podía cantar, comprar algo para beber y para comer también, similar a la pulpería o lo mismo con otro nombre. Ya en el Capítulo 4, El Gaucho Martín Fierro se había referido a una misma persona como pulpero y bolichero, mientras que al local del pícaro bolichero lo había llamado pulpería y también boliche.

Con el uso y la costumbre, la palabra boliche se ha extendido como expresión de poco aprecio para locales comerciales, al punto de llegar a escucharse frases como “Un boliche de mala muerte”, “un bolichito”, etc. Hace unas décadas, han dado en llamar boliche a un tipo de locales de baile, generalmente con horario nocturno, música a volumen alto, haces de luces proyectados por reflectores potentes y coloridos. La costumbre se ha generalizado y el anterior sentido de la palabra boliche ha pasado a usarse poco, quedando prácticamente en el olvido.

El boliche, la pulpería, que vendría a ser la versión criolla de la cantina, la taberna, es un lugar donde se puede cantar, comer algo, beber y encontrarse con conocidos. El gaucho de la época de Martín Fierro solía frecuentar la pulpería cuando tenía un momento libre, para pasar un momento entretenido, compartiendo una bebida con sus conocidos. Después, el paisano urbano ha mantenido la costumbre, aunque en algunas ocasiones, cuando estaba muy alegre y con dinero, solía visitar más de un boliche.

En nuestra provincia, quichuistas suelen advertir: “Úpiay, pero ama machaychu” (Bebe, pero no te emborraches). El verbo máchay (embriagarse) da origen a distintas expresiones, como machascka (persona alcoholizada), machalu (alcohólico, que se embriaga habitualmente), al que también pueden llamar upialu (persona que bebe en exceso). La ingesta excesiva de alcohol provoca efectos nocivos en el ser humano. Los efectos pueden aparecer a lo primeros tragos o después de una cantidad considerable, dependiendo de varios factores, entre ellos el estado físico y emocional de quien está bebiendo, también si come y bebe o si solamente envía bebida alcohólica a un estómago vacío.

La macha, embriaguez, borrachera, intoxicación alcohólica, son efectos inmediatos por la ingesta excesiva de una bebida alcohólica, lo que incluso puede llevar a la muerte por diversos caminos, que pueden ser accidentes absurdos pero terribles, o peleas que serían impensables estando sobrios, o muerte por paro cardiorrespiratorio. A largo plazo, el consumo de alcohol provoca problemas de salud que pueden llegar a ser graves, e incluso afectar a la descendencia del bebedor.

Una de las manifestaciones de la embriaguez es la desinhibición, lo que hace al “machao” sentirse alegre, divertido y capaz de hacer cosas que normalmente le causarían temor, o que evitaría hacer por prudencia. Un poco más de bebida alcohólica puede llevar al tomador hacia la falta de coordinación en el habla y a la pérdida de equilibrio, lo que puede parecer triste o gracioso para quienes lo rodean. La falta de prudencia que suele ser causada por la embriaguez, a menudo deriva en discusiones y agresiones físicas con resultados siempre desagradables, incluso fatales. Martín Fierro aconseja: “Es siempre, en toda ocasión/ el trago el pior enemigo./ Con cariño se los digo,/ recuérdenlo con cuidado:/ Aquel que ofiende embriagado/ merece doble castigo”.

En su poema El Payador Perseguido, Atahualpa Yupanqui relata, entre otras andanzas, el trabajo en los cañaverales tucumanos; recuerda los “tristes Domingos del surco” y dice con dolor: “Hombres grandes y muchachos,/ como malditos en vida,/ esclavos de la bebida,/ se lo pasaban borrachos”. Es que el alcohol puede ser adictivo y gente de cualquier condición puede caer en las garras del vicio, entregando así su libertad a una causa innoble.    

Se dice bebedor social a quien bebe en ciertas ocasiones, como un modo de compartir un momento agradable con otras personas, con el placer que se siente al ingerir algo con un sabor que agrada. El beber socialmente, con prudencia, permite “recorrer boliches” sin caer por ello en la embriaguez.

En sentido figurado, “macharse en el primer boliche” equivale a claudicar enseguida, a dejarse convencer por la primera oferta, sea de la índole que fuere. Es necesario analizar cada propuesta, siempre considerando que aunque la primera pueda parecer la única posible, no siempre es así. Ante la urgencia hay que ser rápido en el pensamiento y en la acción. Cuando hay tiempo disponible, se debe obrar con tranquilidad y prudencia, observando  y analizando las distintas posibilidades, alentado por la duda para seguir la búsqueda, hasta tomar una decisión y elegir la mejor opción.

Lo que para unos puede parecer bueno, para otros puede parecer malo, pero generalmente se encuentran guías que nos permiten entender qué es lo mejor y qué es lo peor para uno mismo y para el prójimo. Es necesario cuidar de los niños y darles las herramientas necesarias para que cuando sean grandecitos vayan asumiendo las responsabilidades que les corresponden. Siempre es mejor que los chicos aprendan como quien jugar, o por lo menos tengan sus momentos de juego sano entre lapsos de tareas tendientes a educarlos.

Un adulto que en la infancia ha sido bien educado va a tener más posibilidades de no errar en sus decisiones y de no caer en apresuramientos que lo hagan macharse en el primer boliche que encuentren. El saber va a darles mayor libertad. El saber y el sentimiento, obrando a dúo, harán de cada persona un alguien verdaderamente apreciable y valioso.

Ama ckonckaychu (No olvidar): En sentido figurado, decimos que no hay que macharse en el primer boliche. En la práctica, es mejor tomar buenas decisiones; entre ellas, la de no macharse.

17 de Julio de 2.018.

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