Por Crístian Ramón Verduc
12/06/2018
El correntino se paró, ensangrentado y cuchillo en mano

Dispuesto a luchar cual yaguareté, para defender la vida de su compañero herido. Cercado por leones invasores, estaba dispuesto a enfrentar a ese grupo, a toda la fuerza de tareas y a todo el mundo si fuese necesario. Cegado por su propia sangre y la de su compañero herido, no vio acercarse a un enemigo que, lejos de atacarlo, lo abrazó y le quitó el cuchillo.

El abrazo y una brevísima frase en inglés marcó un emocionante momento de hermandad entre soldados enemigos. La frase que ese día dijo el soldado inglés, significaría: “Ya está, Argentino”, como indicando que la guerra había terminado para el héroe guaraní que, emulando a su coterráneo Juan Bautista Cabral jugó su vida para proteger al compatriota caído. En la decisión del grupo atacante para no acribillar al tigre correntino, en el abrazo y en la frase pacificadora, ese puñado de hombres ingleses puso en obra su admiración al soldado argentino, dispuesto a disputarles palmo a palmo el territorio nuestro, el que ellos consideran suyo pese a la gran distancia que los separa de nuestras islas.

No estaría de más en este momento, recordar el por qué de nuestro reclamo. Cuando los europeos llegaron a nuestro continente, fueron apropiándose de vastas regiones para sí mismos y en nombre del rey de cada uno de sus países. Inglaterra, Holanda, Francia, Portugal, España, se largaron a navegar por el mundo en procura de territorios para agregar a sus reinos con fines de explotación. Ese afán de expansión a expensas de países que ya conocían y otros a los que recién iban conociendo, trajo disputas y enfrentamientos entre ellos.

Las disputas entre invasores fueron solucionadas mediante convenios y tratados, como es el caso de Portugal y España por la conquista en el Océano Atlántico y América , que fue resuelto en gran parte mediante el tratado celebrado en el pueblo español de Tordesillas, por el que se repartían los derechos de conquista. Tomando una distancia en leguas desde las islas de Cabo Verde, la línea imaginaria resultante podría haber sido un meridiano, pero una serie de imprecisiones trajo como resultado las disputas entre ambos países en América del Sur, tomando como base a Brasil por un lado, y por el otro los territorios sometidos por los españoles, territorios a los que los portugueses llamaban genéricamente “Perú”.

Respecto a la Islas Malvinas, no hay acuerdo en cuanto a cuál de los europeos “las vio primero”: Si fueron los españoles, los franceses o los ingleses. Los ingleses reclamaron enérgicamente diciendo que uno de sus navegantes las había “descubierto”, hasta que se comprobó que para la época de tal descubrimiento anglo, las islas ya figuraban en mapas españoles. En 1.764, el navegante francés Louis Antoine de Bouganville hizo el primer asentamiento europeo en las islas y las llamó “Malounies”, que sería el mismo gentilicio que el de su grupo de marinos, procedentes del puerto de Saint Maló (Francia).

Las disputas por las islas se sucedieron entre franceses, ingleses y españoles, al igual que las disputas por otros territorios de nuestro vasto continente. En gran parte de América del Norte se impusieron los ingleses, pero debieron frenar el avance español mediante acuerdos, como los tratados de Nutka, celebrados entre 1.790 y 1.794, por los que los españoles “retrocedían” en la costa Oeste de América del Norte y los ingleses debían abstenerse de fundar asentamientos en las costas e islas del Atlántico Sur. Las Islas Malvinas (ex Malouines) eran españolas.

Al independizarse de España las Provincias Unidas del Sur, las Islas Malvinas pasaron a ser territorio argentino por doble herencia: De los pueblos originarios patagónicos, que fueron sus primeros ocupantes, y de los españoles, que detentaron la propiedad de las islas hasta la Independencia Argentina.

Poco más de doce de años después del Congreso de Tucumán, el Gobernador de Buenos Aires designó a Luis Vernet Comandante Político Militar de las Islas Malvinas. A fines de 1.831, un navío estadounidense depredó las islas, destruyendo y saqueando instalaciones argentinas, sin llegar a ocuparlas. En Enero de 1.833, naves inglesas invadieron las Islas Malvinas, iniciando un largo período de colonización, el que fue interrumpido el 2 de Abril de 1.982, cuando tropas argentinas recuperaron para nuestro país el territorio que nos fuera robado casi un siglo y medio antes. En la recuperación de las Islas Malvinas, no hubo ningún inglés herido, tal como los mandos habían ordenado a los guerreros criollos, para facilitar un acuerdo favorable a nuestro derecho.

La respuesta británica fue el envío de una formidable fuerza de tareas, la que en pocos días debía expulsar a los argentinos. Mientras en las oficinas gubernamentales y de las Naciones Unidas se luchaba por la paz, en las islas y mar circundante se luchaba por el territorio argentino, palmo a palmo y tiro a tiro.

Lo que suponían un paseo, se convirtió en un infierno para los ingleses. Las fuerzas argentinas, que habían ido a ocupar lo que nos pertenece, lucharon con bravura hasta el 14 de Junio, cuando ocurrió la rendición argentina. En una de las últimas batallas, la del Monte Longdon, la lucha fue de una intensidad y violencia poco común. En el Monte Harriet se dio el episodio en el cual el Cabo Primero Roberto Basilio Baruzzo se encontró rodeado de británicos, sin munición y procurando salvar la vida del Teniente Primero Jorge Echeverría. Contaba Baruzzo que el Teniente Primero le ordenaba que lo dejase pues ya estaba a punto de morir, que estaba en paz, que Baruzzo ya no se preocupase y tratase de salvar su propia vida, pero el valiente correntino en esa ocasión desobedeció para continuar protegiéndolo y tratando de llevarlo a un lugar seguro.

El muchacho correntino de 22 años de edad, viéndose rodeado de enemigos que apuntaban sus fusiles hacia él y su camarada moribundo, desenvainó su cuchillo como buen soldado criollo de lucha independentista, para jugarse a muerte por sus ideales.

Una vez reducido el suboficial, los invasores trasladaron al Teniente Primero hacia un barco donde fue atendido por médicos militares, los que entre otras cosas, dijeron al oficial argentino: “Tiene usted muy buenos soldados”.

Como buenos soldados de la Patria, debemos luchar cada día por ella desde nuestro lugar de trabajo, y recordando cada día que una parte importante de nuestro territorio está ocupado injustamente por un país distante 13.000 kilómetros de las Islas Malvinas.

El 14 de Junio de 1.982, las fuerzas militares argentinas debieron rendirse ante el invasor inglés, pero igual debemos sentir orgullo por lo realizado. No debemos sentir vergüenza, por más que se nos ordene hacerlo. Aprendamos a ser desobedientes cuando la Patria lo necesita.

12 de Junio de 2.018.

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