Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  13/03/2018
“Cuando canto este gatito, me acuerdo del pago”

Dice el cantor en el disco Volumen 3 del Alero Quichua Santiagueño. No es casual que Rubén Palavecino haya elegido ese gato para su única grabación como solista. El gato Pa’ los Carnavales es una música de Los Hermanos Simón con letra bilingüe de Don Sixto Palavecino.

Rubén recordaba su infancia en Villa Salavina, recordaba las aventuras en el Río Dulce cerca de la villa, no muy ancho pero sí profundo, que cuando crecía desbordaba en bañados. Una vez, mirando el río crecido, ancho e imponente cuando pasa frente a la ciudad de Santiago del Estero, había dicho: “¡Qué lindo para cruzarlo nadando!” Don Sixto recordaba con orgullo que en las crecientes del Dulce en Salavina, Rubén era el nadador que llevaba los mensajes de una margen a la otra.

El Domingo 11 de Marzo, Rubén contaba lo contento que estaba en esos tiempos cuando le habían regalado un caballo; comparaba esa adquisición con la de un automóvil de lujo. También solía relatar sobre andanzas infantiles en la villa y en el monte.

Don Sixto había pensado que sus hijos debían estudiar para ser lo que se esperaba en esa época de una persona culta: Maestro de escuela. Grande fue sus sorpresa al escuchar de su hijo mayor, que existían otras posibilidades, cuando Rubén le dijo que aspiraba a ser Ingeniero y que para ello debería comenzar por la Escuela Industrial. La familia vivía en Villa Salavina y tenía un almacén importante. La música lo había llevado a la amistad con la cantante Juanita Simón y su hermano Miguel; después con todo el conjunto de Los Hermanos Simón.

Don Sixto y Rubén solían recordar con gratitud, que en los años de estudios secundarios en la Escuela Industrial, Don Miguel Simón había hospedado en su casa al joven estudiante y tratado como a un hijo. Contaba Don Sixto que cada vez que venía a la ciudad, visitaba la casa de Don Miguel y se generaba una amigable discusión entre Don Sixto que quería dejar un dinero por el hospedaje de su hijo, y Don Miguel que se negaba rotundamente a recibir paga alguna. Como buenos amigos, siempre encontraban un punto intermedio para resolver las diferencias de criterio.

Terminada la escuela secundaria y con toda su familia residiendo en el barrio Tala Pozo (ahora Almirante Brown) de Santiago del Estero, ingresó en la Universidad donde cursó hasta recibirse de Ingeniero Agrimensor. Desde su infancia, Rubén tocaba la guitarra y cantaba. En las actuaciones del conjunto Sixto Palavecino y sus Hijos, daba las voces de mando, mientras tocaba la guitarra incluyendo unos bordoneos que le eran característicos, mientras sus hermanas Carmen y Chini hacían un lindo dúo de voces; Don Sixto tocaba el bandoneón.

En guitarreadas de jóvenes, Rubén se había juntado con Rolando H. Luna, Federico E. Cáceres y Lucio “Tucho” Alagastín, formando el conjunto Los Copleros del Algarrobal. Era un grupo de guitarras, voces y bombo que sonaba muy bien, al punto de que en Enero de 1.967, en la séptima edición del Festival de Cosquín, Santiago del Estero obtuvo el Camin de Oro, como delegación y en el rubro Conjunto Vocal; ese conjunto era Los Copleros del Algarrobal. El Lunes 30 de Enero de ese año, familiares, amigos y funcionarios de la Dirección de Cultura esperaron a los triunfadores en la Plaza Libertad. El 1 de Febrero fueron recibidos por el Gobernador de la Provincia, quien felicitó a los integrantes de la mejor delegación de ese año en el Festival Nacional de Folclore.

El Festival Nacional de Folclore ha cambiado desde entonces. No se puede ni debe hacerse comparaciones, pero a la vista de los resultados, no sería muy arriesgado afirmar que la de 1.967 fue nuestra mejor delegación presentada en Cosquín. Poco después de ese gran logro, el conjunto se disgregó por que unos debían cumplir con el servicio militar obligatorio.

Con el título de Ingeniero, Rubén emigró hacia el Sur de nuestro país junto con otros emprendedores. Río Grande, en Tierra del Fuego, escuchó el canto santiagueño en las voces y guitarras de Rubén y otros jóvenes santiagueños. “¡Ahijunita con mi pago! Layap carupim causani; por eso cuando me acuerdo, ‘rinani”. (De este modo, vivo tan lejos; por eso cuando me acuerdo, quiero ir), cantaba Rubén en el gato de su padre y de Los Hermanos Simón.

De regreso en Santiago, se unió al Alero Quichua Santiagueño, fundado en 1.969. Desde el primer disco del Alero Quichua, Rubén ponía guitarra con rasguido y bordoneos en todas las grabaciones de Don Sixto y de Las Cuerdas Quichuas. En el Volumen 3, grabó su voz como solista.

Por el fallecimiento de Felipe Corpos, Rubén pasó a ser el conductor del programa radial del Alero Quichua Santiagueño. Fallecido Don Sixto, Rubén siguió la huella marcada por su padre, haciéndose cargo de mantener vivo el programa radial. Tiempo antes había organizado el conjunto Los Hijos de Sixto, primero con su hijo Marcelo y amigos, y luego con Marcelo, Carmen y Chini. Para entonces, Rubén ya tocaba el violín en los escenarios.

Así siguió la vida, entre los emprendimientos familiares, siendo el sostén emocional para sus hermanas y familia en los avatares de la vida y “el horcón del medio” para el Alero Quichua. La despedida del Alero para el año pasado ha sido en su casa, donde todo el grupo se sintió agasajado a gusto y sintiendo una muestra evocativa de los tincunacus de épocas pasadas.

Este año, el ciclo anual del programa radial comenzó el primer Domingo de Marzo, como era de esperarse, con una gran concurrencia de músicos y cantores. El segundo Domingo, nuevamente hemos tenido un Alero Quichua festivo en Radio Nacional con Rubén y Chini en la conducción. Ha sido un Domingo de alegría y de diálogo por el bien del Alero en particular y del quichua en general.

El Domingo por la noche, Rubén había sentido un malestar, pero que, como haciendo honor a su segundo nombre (Sixto) había considerado que no era como para ir al médico. El Lunes por la tarde había concurrido al Centro Vecinal para unirse al grupo de danza y bailar alegremente.

Al volver a su casa, manifestó que necesitaba acostarse y dormir un rato, para así sentirse mejor. En pleno sueño, el andariego corazón de Rubén Sixto Palavecino se detuvo a descansar. Demasiado había trajinado los caminos y escenarios de la Patria con el quichua de sus mayores a cuestas.

Su familia, gente del Alero Quichua Santiagueño, de la Fundación Tárpuy, de Radio Nacional y amigos en general, no salimos de la sorpresa y aún no asumimos totalmente la pérdida.

Parece que aún no sabemos que el próximo Domingo, Rubén no estará ante el micrófono para comenzar el Alero Quichua exclamando: Ama Súa, Ama Lulla, Ama Ckella.

13 de Marzo de 2.018.

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